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January 28th, 2009

El Nuevo día

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(continuación del relato "La época de las estrellas")

(II) El Nuevo día

Maleiva se despertó sola, la habitación todavía en penumbras, sentada en el sillón. A pesar de la confusión del despertar, dedujo que no debía llevar mucho tiempo dormida dado que aún no había amanecido. Se levantó y ando hacia la pila de la cocina a lavarse la cara. Tan solo las casas del distrito universitario y las de los más ricos tenían agua corriente, pero dentro de poco tiempo llegaría a todas partes. Al llegar a la cocina vio a Alvar calentando un poco de sidra.

-Iba a despertarte ahora -Dijo con una sonrisa-. Me hubiera gustado verte dormir un rato más, pero me temo que no sería lo adecuado. Luego me habrías matado por no despertarte.

-¿Porque lo dices?- Gruñó, somnolienta- Solo he dormido unos minutos… ¡Ni ha amanecido!

-Eso es lo más gracioso. Has dormido unas tres horas. Y no, no ha amanecido-Dijo Alvar, con cara de interés-. Algo muy extraño acaba de pasar, y pensé que deberíamos ver como se lo está tomando la gente. De momento, me limitaba a calentar un poco de Sidra, para tener algo templado que tomar-Dijo con una mirada significativa-. No todos podemos hacerlo con una sola pasada de la mano.

Maleiva se envaró. Me vio hacerlo anoche, pensó. El uso de poderes sobrenaturales, ya sean de origen divino o arcano, estaba muy mal visto entre los Metodistas por puro principio. Maleiva, no obstante, los heredaba con su familia y enseñanzas, y a menudo estando sola los usaba. Solo eran pequeños trucos, juegos de manos, pero ahorraban un tiempo precioso. Por suerte ella sabía que Alvar no le causaría problemas; podría burlarse un poco de ella, pero eso sería todo. En cierta forma se alegró de la broma. El humor sombrío de la noche anterior no era propio de Alvar y ahora que ya sabían que realmente pasaba algo extraño, había recuperado su actitud de siempre y, lo que es más, se le veía ansioso por averiguar que estaba pasando.

Subió a arreglarse. Se puso algo de ropa de abrigo, un conjunto bastante grueso de pantalones y blusa de un color azul oscuro, y una capa negra. Se calzó sus botas altas de color cuero y bajó las escaleras. Alvar, a su vez, que ya tenía puesta su chaqueta de piel, la esperaba con dos cuencos de sidra especiada, que apuraron rápidamente antes de salir.

El ambiente fuera era bastante extraño. En el Campus había bastante actividad, gente moviéndose hacia las aulas y entre los edificios, casi tanto como de costumbre. Las farolas de gas, un sistema innovador instalado en el Campus y en unos pocos puntos cercanos al distrito del Universitas daban luz al entorno, arrojando algo de normalidad a pesar de que se observaban más milicianos que de costumbre rondando por el Campus.

Los milicianos vestían unos curiosos atuendos oscuros, marrones y verdes principalmente, bastante pegados al cuerpo. También llevaban unos gruesos chalecos destinados a su protección, no tan resistentes como el peto de un cruzado pero mucho más ligeros. De sus cintos colgaban un estoque y una pistola, y en las manos llevaban un mosquete. Eran una fuerza policial bastante formidable formada principalmente por hijos de metodistas de mayor o menor prestigio, sin capacidad intelectual para prosperar más en el complejo mundo académico o mercantil. Debido a esto se consideraban más una guardia de élite que una policía regular dado que todos ellos tenían estudios, eran considerablemente disciplinados y estaban bien entrenados.

Ambos avanzaron por el Campus, en dirección al consejo ejecutivo de la facultad de mecánica, a la que ambos pertenecían. Tras entrar en el complejo avanzaron por los concurridos pasillos, tomaron el ascensor, y llegaron entre chirridos y soplidos a la quinta planta. Allí recorrieron más pasillos hasta llegar a una sala adornada con artefactos mecánicos, algunos con una forma clara y utilidad explícita y otros de formas extrañas e irreconocibles. En el centro de la sala se levantaba una mesa de metal redonda con los bordes dentados, y una gran cantidad de aparatosos asientos metálicos a su alrededor cuya única concesión a la comodidad eran unos refuerzos de seda en el asiento y en el propio respaldo. Alrededor de la mesa se encontraban todos sus colegas, algunos sentados, otros de pie hablando entre sí, incluso alguno paseando pensativo. Un par de ellos interrumpieron su conversación al verles entrar.

-¡Ah! Maleiva, Alvar, me preguntaba dónde estaríais -Dijo el Maestro Jerces, con voz cascada, a la vez que lanzaba un guiño malintencionado en dirección a Maleiva-. Quizá estabais tan absortos en vuestros quehaceres qué no os disteis cuenta que el sol no había aparecido esta mañana a su cita-Una carcajada de su compañero, Stewman, coreó esta última afirmación.

-¡Déjate de tonterías! La situación es bastante preocupante como para andarse con bromas.-Dijo Maleiva, claramente molesta. Alvar y el eran buenos compañeros, de confianza. Nunca había intentado saber si podría haber algo más, aunque era bien consciente de que seguramente merecería la pena intentarlo. Pero Alvar era bastante extraño, inaccesible a su propia manera, al menos para ella. Le miró, viendo que prudentemente, había desviado su atención hacia alguno de los deformes e inútiles, pero repentinamente muy interesantes, adornos de la habitación. Se produjo un incómodo silencio entre los cuatro.

-Bueno, bueno, compañeros, contadme -Dijo Stewman, tratando de relajar el ambiente antes de que Maleiva estallara-, ¿Que opinión tenéis, si es que tenéis alguna, acerca de los interesantes tiempos que estamos viviendo y, más concretamente, de la desaparición del Día?

-¿Que opinión podemos tener? En este tema, poco podemos decir... ¿Habéis hablado con los compañeros de Astrología, para saber si es algún suceso estelar no previsto? -Dijo Alvar, volviendo de su aparente distracción.

-Bueno, me pasé antes por allí-Dijo Stewman-. Era una jaula de grillos, una auténtica locura. Si te asomas, podrás verles a todos apiñados en el tejado. Creo que ninguno tiene ni la más remota idea de lo que puede estar pasando. No parece ser un eclipse.

-Bueno, no se puede decir que ninguno de ellos sea una lumbrera-El tono irónico de Jerces irrumpió de nuevo en la conversación-, ya se sabe, todo ese tiempo mirando al cielo. Podrían poner los pies en la tierra al menos de vez en cuando.

-¿Podríamos poner por una vez de lado las estúpidas diferencias entre facultades?-Dijo Maleiva, con tono cansado- Ahora necesitamos compartir información y cooperar, no pelearnos.

-¿Y que sucede con vuestros Methodum? ¿Funcionan bien?-Dijo Alvar, irritado por la actitud de Jerces.

Todos se miraron mutuamente, como si hubieran estado callando algo discretamente. Para cualquier metodista el Methodum era un orgullo y había que cuidarlo y mantenerlo funcionando, cosa que todos hacían con esmero. Pero, en el caso de los Mecánicos, disciplina decana entre los metodistas, expertos en mecanismos, mantener funcionando su Methodum era algo fundamental, siendo impensable llevarlo estropeado. Seguramente, todos habrían pasado un buen rato esa mañana intentando averiguar que pasaba, y ninguno querría que los demás lo supieran. Los profesores y decanos, a fin de cuentas, son extremadamente orgullosos.

-Efectivamente, jovencito-Jerces le miró desafiante-. ¿El tuyo tampoco funciona?

-No, y el mío tampoco- Intervino Maleiva-. Y por mucho que intentemos arreglarlo, ninguno ha sido capaz. No es mi especialidad, pero Alvar es un maestro en este tipo de mecanismos. Si el no puede, no puede nadie.

-Normalmente yo si podría- Respondió Jerces-, pero no es el caso. Tampoco he conseguido arreglar el mío. No sé que le pasa... es antinatural. Y estoy seguro que a todas estas gallinas cloqueántes -Levantó el dedo para señalar los diversos grupos que hablaban o discutían acerca de lo sucedido- tampoco les funciona su Methodum. Ni un puñetero reloj, en toda la ciudad, dicho sea de paso.

-Lo cual es sumamente curioso, dado que otros mecanismos, como las bombas de gas, o el ascensor, sí funcionan.-Aportó Alvar.

-Fallan los relojes, no sale el sol, y las constelaciones no dicen la hora-Murmuró Maleiva.

-¿Constelaciones? ¿Que tienen que ver con todo esto? -Dijo sorprendido Stewman. A pesar de ser prudente y comedido, era probablemente la persona mas fervientemente atea que Maleiva hubiera conocido.

-Información obtenida de fuentes de la Eclesiarquía -Terció rápidamente Alvar-. Ellos pueden saber la hora en función de las posiciones relativas de las estrellas en el cielo. Es un método arcaico y muy complicado, pero bastante exacto, si sabes hacerlo. Al parecer, tampoco funciona.

-Por lo menos no somos los únicos a los que nos fallan las cosas-Añadió Jerces, mientras Stewman resoplaba-. Es un consuelo.

Un fuerte golpe con cadencia metálica llamó la atención de todos los presentes. Todas las cabezas se volvieron a la presidencia de la mesa, donde el Archidecano Mecánico se encontraba ya sentado, y los presentes se apresuraron a tomar asiento en sus respectivos sitios. Maleiva se sentó en un escaño improvisado, dado que todavía no era maestra. No obstante, tenía derecho a asistir como la principal representante de Macromecánica, una nueva disciplina todavía en vías de instauración. Cerca de setenta voces callaron a un tiempo.

Tras el Archidecano se encontraba de pie, imponente, un guardia del Struam, embutido en su armadura de color rojo sangre, que recordaba a la de los Cruzados, pero con un aspecto mucho más siniestro. El guardia llevaba su casco en la mano, y la impresión general que daba es que no estaba ahí solo para proteger, sino como delegado del Struam. A diferencia de otros grupos militares, los Guardias del Struam solían ser aptos políticos, además de diestros luchadores, y muchos de ellos ascendían a la nobleza al terminar servicio. No solo eran guerreros, sino también administradores y diplomáticos. El pelo del guardia era ralo y negro, como su corta barba. Aparentaba unos treinta y cinco años, pero era posible que tuviera algunos más. Una Thaika pendía de su costado, una de las espadas más temibles y complicadas de manejar que se habían conocido.

-Bien, caballeros-El archimago carraspeó. No es que estuviera senil, pero setenta y dos años eran muchos, y una crisis como esta era complicada de asumir-, espero que estén todos presentes. Si alguno falta no deberá ser informado por nadie de esta reunión, salvo por mí. El delegado del Struam, Deckard -Hizo un gesto en dirección al Guardia, que a su vez correspondió con un asentimiento de cabeza-, me ha pedido máxima discreción. En este momento están reunidos, a su vez, un grupo de la Facultad de Astrología, también con un delegado del Struam. Otras facultades están reunidas más informalmente...

-Perdón, Archidecano-Interrumpió uno de los asistentes-, ¿Porque solo nosotros y los Astrólogos tenemos que deliberar delante del delegado?

Maldita sea, pensó Maleiva. Ahí tienes un genio capaz de realizar cálculos y deducciones sorprendentes, y pregunta esta estupidez. A veces se sorprendía de que la Universitas se mantuviera unida y no se desperdigara en fragmentos por todas partes. Lo cierto es que normalmente estaba muy cerca de ello, debido a la tendencia antisocial de la mayoría de los académicos.

-Eso es debido, Profesor -Contestó el enviado del Struam en tono tranquilo-, a que las principales irregularidades se están dando en sus respectivos campos. El sol no sale -Señaló ostensiblemente en la dirección de la facultad de Astrología, donde todavía podía verse cierta agitación en la terraza, principalmente el rastro de la luz de las linternas de mano que portaban los eruditos- y los relojes no funcionan. El Struam pone toda su confianza en los sabios de la Universitas para que averigüen todo lo posible.-Terminó, con gesto franco, y tono sincero.

Un buen diplomático, no cabe duda, -pensó Maleiva-. Aunque no me gustaría estar en combate frente a esa espada -La malévola empuñadura parecía mirarle a los ojos. -Será mejor que me relaje. Estoy muy tensa y también agotada, solo he dormido tres horas.

-Bien, Decano Shaft- continuó el Archidecano -, ¿Qué nos puede decir acerca del mal funcionamiento de los relojes?

-Lo primero que he podido comprobar es que las tensiones oscilan incomprensiblemente -Comenzó a hablar el Decano de Mecanismos-. Se aplique el tipo de fuerza que se aplique, los mecanismos no la transmiten correctamente, aun estando totalmente ajustados. Además esta variación es de orden aleatorio, sin poder averiguar relación alguna de causalidad o alguna secuencia concreta. Sabemos que este efecto se produce en todo tipo de relojes independientemente del tamaño, puesto que hasta ha sucedido en el reloj de la sala del trono del Struam. De allí vengo ahora mismo, tras hablar con el maestro relojero de palacio. El ha observado los mismos efectos que yo: Una fuerza aplicada con vector aleatorio en puntos inconcretos del mecanismo que altera su funcionalidad.

-En resumen, que no tenéis ni puñetera idea-Dijo Jerces con tono brusco-. Lo que me imaginaba.

Un coro de risas nerviosas se elevó entre los presentes, hasta que una dura mirada del Archidecano les calló.

-Muchas gracias por su inestimable aportación, Maestro Jerces. Me alegro de saber que está con nosotros. Ahora, para continuar, me gustaría conocer la opinión del Decano de Fuerzas…

El consejo continuó por varias horas, básicamente con las mismas conclusiones. El delegado del Struam permaneció impertérrito, tomando la palabra en muy pocas ocasiones. Como era de esperar nadie mencionó que no se pudiera leer la hora en las estrellas; que se comente en un círculo reducido como anécdota es posible, pero nadie concebiría comentar algo acerca de una costumbre tan rudimentaria en una reunión de consejo con todos sus ilustres camaradas escuchándole atentamente, ante el Archidecano y un delegado del Struam.

A duras penas Maleiva consiguió mantener los ojos abiertos. Alvar aportó únicamente información de cuando pensaba que había comenzado todo: escuchó su reloj de pared a la hora prima; luego, el silencio. Por lo tanto, el suceso se produjo en algún momento entre la hora prima y la segunda. Aparte de esto, no dijo nada más en toda la reunión, si bien Maleiva pudo observar algunas miradas preocupadas de Alvar hacia ella.

January 27th, 2009

La última madrugada

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(Comienzo del relato "La época de las estrellas")

 (I)    La última madrugada

La noche se sentía inquieta, expectante, como si el mismo universo contuviera el aliento. Los árboles colgantes de Lhand’oc se movían en direcciones dispares, mecidos por una suave, pero  desconcertante brisa, mientras las estrellas se perfilaban más frías y ajenas que nunca sobre el contorno rocoso del Palacio Excavado, capital del reino.

Alvar Alec observaba todo esto, solo en parte consciente de ello. Una extraña inquietud recorría su interior desde hacía ya algún tiempo. Procuraba evitar esas punzadas premonitorias, adjudicándolas a algún malestar relacionado con los humores corporales. Era un  metodista, por lo que su visión del mundo era objetiva, certera, basada en hechos y no en supersticiones. Su creencia más arraigada era que el mundo debía de ser de una determinada manera, ordenada, alejada de los caprichos de los Dioses y las locuras de los hechiceros.

De su bolsillo del chaleco pendía una cadena dorada terminada en un ornado reloj, con todos los mecanismos a la vista. Este era el Methodum, símbolo de su orden y distintivo por el que se reconocían. Lo había llevado durante la mayor parte de su vida, desde que se lo dieron al comienzo de sus estudios formales, hacía ya veinte años Entonces era un niño de apenas ocho años, vagamente consciente de lo que significaba ese regalo.

Alvar se incorporó, se separó de la ventana y se alisó el arrugado chaleco por encima de la  camisa blanca y holgada y de sus ajustados pantalones grises. Comprobó que su coleta no estaba demasiado estropeada, la centró con un ademán nacido de la costumbre, dejando caer la mata de pelo rubio a su  espalda, y volvió a su mesa. Allí se encontraban extendidas diversas herramientas y piezas de relojería: engranajes, cadenas y cordeles, correas, tornillos... todo ordenado meticulosamente.

Era  un experto mecánico y conocedor de gran parte de los secretos del Arte, por ello, cuando unas horas antes comprobó que el reloj de la entrada de su casa había dejado de funcionar, no dudó en repararlo sin mayor demora.

Tras varias horas trabajando en su pequeño taller casero, estaba realmente confuso. Era consciente de que todas las piezas estaban en su sitio, yhabía realizado los ajustes y comprobaciones de rigor, no obstante, el reloj seguía sin funcionar correctamente. No lo entendía, y por ello decidió intentar hallar el problema usando su Methodum, uno de los mecanismos más exactos y afinados de los que disponía, a fin de comprobar las diferencias.

Para su asombro descubrió que tampoco funcionaba correctamente. Se separó de la mesa, confuso, tomó su estoque y su pistola y se dirigió hacia el portal de su pequeña mansión. Ya bajo el frío de la noche, mientras se abrigaba en su chaqueta de piel, avanzó hacia el campus del Universitas, a solo unas pocas calles de distancia. Cuando llegó, giró hacia un grupo de casas cerca de la falda de la montaña, y tras dirigirse a una de ellas llamó a la puerta.




Maleiva Arconte, a sus veintitrés años, era la oveja negra de su familia. Descendía de una antigua casta Eclesiarcal que, como todas las de su estilo, desaprobaba profundamente el Metodismo. No obstante en el Este, dominado por el Struam -cargo hereditario equivalente a Rey o Emperador-, la Eclesiarquia estaba en pleno declive mientras que el metodismo recibía un gran apoyo del gobierno. Maleiva, de carácter decidido ya de joven, era consciente de su entorno y decidió que este sería su camino, y no servir a una deidad casi olvidada, alejada de la fama, gloria y poder. Durante gran parte de su vida había sido una estudiante Metodista especialmente brillante e innovadora, hasta el punto de llegar a ser casi una Maestra en Macromecánica.

No obstante, toda una juventud de enseñanzas religiosas dejan marca, y por ello esta noche su inquietud iba en aumento. Conocía, aunque a veces deseara no hacerlo, el Aposthata, el libro donde se narraban los castigos del olvido a Dios, y los signos de esta noche eran muy característicos, hasta tal punto que hacían mínimamente creíbles las soflamas de los representantes eclesiarcales y cruzados que quedaban en el Este.

Escuchó unos golpes sordos, procedentes de la aldaba de su puerta; le resulto muy extraño a esas altas horas de la noche, y casi sin ser consciente de ello se levantó de la cama a mirar el reloj que tenía en el bolsillo de su chaleco, precariamente colgado de una silla. Arrugó el ceño, extrañada porque la aguja del segundero se movía erráticamente por toda la esfera. Ya más despierta, miró por la ventana intentando calcular la hora a partir de las constelaciones, otra herencia de su enseñanza religiosa, y con un sobresalto se dio cuenta que algo iba mal: las posiciones de las estrellas no eran las correctas. No pudo calcular la hora porque la configuración de las estrellas no era la correcta para la estación en curso.

Se puso unos pantalones y una camisa negra de lino, y bajó las escaleras con una pistola en la mano para ver quien llamaba a esas horas. Entreabrió un poco la puerta y tras mirar por la rendija la abrió del todo:

-¡Alvar! ¿Que haces aquí a estas horas? -Preguntó, con voz ronca y tono sorprendido- ¿Ha sucedido algo?
-Sí, creo que sí. Sé que pasa algo raro, aunque no tenga ni idea de lo que es- La miró a los ojos, y dijo sonriendo-. ¿Me dejas entrar?

Maleiva se apartó de la puerta, y tras dejar pasar a Alvar, la cerró. Se dirigió tras él hacia el salón de la chimenea, y se sentaron en dos sillones, uno en frente del otro, con los escasos rescoldos del ya apagado fuego coloreando de rojo los rostros de ambos.

Maleiva era una joven atractiva, de pelo claro, rasgos bien proporcionados, labios hermosos y  bella voz. Su rostro era casi el de una niña, aunque su cuerpo denotaba su auténtica edad. Era bastante delgada, y estaba en buena forma. También solía ser muy expresiva, y en ese momento, estando los dos ante el fuego, la preocupación y la sorpresa se podían ver a partes iguales reflejadas en su rostro.

-El hecho de que vengas a verme, sin avisar, y a estas horas… No es propio de ti -Concluyó, esperando explicaciones.
-Quizá he actuado un poco impulsivamente-Dijo Alvar tras un prolongado silencio, en el que puso en orden sus pensamientos-, estoy bastante inquieto. Dime, ¿Tu Methodum funciona correctamente?
-No-Dijo Maleiva, mirando inconscientemente hacia su habitación, en el piso de arriba, donde reposaba el reloj-. Hace un momento lo he mirado; el segundero se movía errático. Me extrañó bastante, pero todos sabemos que la maquinaria se estropea.
-No si está bien hecha y cuidada, Maleiva, lo sabes bien. Quizá tus grandes maquinarias si, con toda esa fricción e inercia que tienen que soportar. Pero no un pequeño y exacto mecanismo, como un Methodum... ¿Que antigüedad tiene?
-Un par de años. No tenía de quien heredar uno. -Esto lo dijo con un cierto aire de resignación. Entre los metodistas, como en el resto de los aspectos de la sociedad, la herencia pesaba mucho. El Methodum de Alvar pertenecía a la familia Alec desde hacía cientos de años.
-No te preocupes, sabes que eso me da igual. Pero el mío tampoco funciona correctamente, y tampoco el reloj de la entrada de mi casa. Esto no es normal en absoluto. Por eso estoy tan preocupado.
-Quizá estés exagerando... no creo que sea tan importante-Dijo Maleiva, aunque con su tono parecía indicar algo distinto. Estaba pensando en la posición de las constelaciones. A pesar de formar parte de la enseñanza Eclesiástica, el conocer la hora a partir de las estrellas era una disciplina astrológica y, por lo tanto, totalmente aceptable para un metodista-. Aunque, para serte sincero, he intentado calcular la hora a partir de las constelaciones, y no he sido capaz. Están mal, Alvar.
-¿Mal? ¿A que te refieres? ¿Como puede estar mal una constelación?
-No lo se. Pero conozco todos los periodos, las efemérides, y recuerdo todas las tablas, tras largos años de aprendizaje. Y las posiciones relativas de la constelación de la Balanza y el Peso no están correctas. Parecen indicar que estamos en primavera, y fuera décima hora, pero aun así, la constelación del Hechicero no se corresponde. Es todo muy extraño.

La conversación se fue apagando poco a poco. Sin más datos que aportar, ni ideas acerca de los ya existentes, ambos se quedaron pensativos, mirando a los apagados rescoldos, sentados en los sillones. En algún momento, Maleiva se levantó y sirvió dos copas de vino aromático, que calentó con un gesto de su mano. También se sentó más cerca de Alvar, y además de mirar los rescoldos, también se miraban, en ocasiones, a los ojos.





Una figura avanzaba por las calles, todavía oscuras. Su caballo, un rocín blanco con la marca Admonitoria en la frente, ya comenzaba a acusar el cansancio de la patrulla de varias horas por las pedregosas y empinadas callejuelas del Glorium, el distrito más cercano a las autoridades religiosas. El poderoso caballo y su jinete, embutido en una abultada armadura de un color blanco apagado, formaban una imponente estampa. De los laterales del caballo colgaban una espada larga y un mosquete, ambas armas bien conocidas por los Cruzados.

A pesar de que los nobles consideraban las pesadas armaduras corporales molestas y nada elegantes, los Cruzados eclesiásticos las llevaban tanto por tradición como por la clara ventaja que otorgaban en combate. El resistente metal fabricado siguiendo los secretos ancestrales de los mejores artesanos del Reino no solo era capaz de evitar un golpe mortal a su portador con una espada o un hacha, sino que también podía llegar a parar una saeta de ballesta o, incluso, una bala de pistola o mosquete, si estaba lo bastante lejos.

El Cruzado se llamaba Hamtar, hijo de una familia antigua en la Eclesiarquia que había vivido desde tiempos inmemoriales en Lhand’oc, capital de los Reinos del Este. Su familia había tenido tiempos oscuros, durante las Guerras Sacras, en los que tuvo que esconderse de las autoridades del Struam, pero superaron todo con la cabeza alta, y orgullosos.

Desde entonces hasta hoy habían reinado casi cien años de estabilidad. Ambos Reinos, aunque separados, habían necesitado el uno del otro para sobrevivir a amenazas exteriores, y eso había provocado una cierta permisividad que se traducía tanto en la existencia de Elesiastas en el Este como de Metodistas en el Oeste. Hamtar, que se había criado a las puertas del Palacio Excavado, y en cambio había estado pocas veces en La Ciudadela de Montenso, capital Sagrada del Oeste, no había sido tan afectado como la mayor parte de los Eclesiastas por los prejuicios de su condición, aun a sus cuarenta y pocos años. También era consciente de que aunque gran parte de sus preceptos estaban equivocados, los Metodistas hacían cosas buenas y útiles para la gente. Intentar desentrañar profanamente los misterios de Dios era una blasfemia, pero hay que reconocer que el calentador de gas, inventado recientemente por el profesor Steinberg,  era un artefacto muy útil.

-O un reloj –Se lamentó en voz baja, vocalizando sus pensamientos -, para saber cuanto tiempo me falta de esta interminable guardia. Parece que nunca va a amanecer...

La indumentaria y equipamiento de un Cruzado estaban estrictamente regulados, habiéndose variado pocas veces a lo largo de los siglos. La última vez fue hace algo más de cincuenta años, para sustituir la ballesta por el mucho más práctico mosquete. Por supuesto, los Cruzados no adoptaban ningún artefacto metodista que no fuera imprescindible para su misión. Evidentemente, el reloj no figuraba en esta categoría.

Dirigió a su caballo hacia una plaza cercana, donde sabía que existía un reloj. Aunque el Glorium era muy reacio a los artefactos metodistas, un Struam de hace mucho tiempo había dictado que en todas las plazas debería haber un reloj. Aunque tardaron muchos años, los habitantes del Glorium acabaron aceptando que un barrio sin plazas es, básicamente, inhabitable, y cesaron en su política de eliminar las plazas construyendo  un edificio, ya fuera de utilidad pública o una vivienda privada, en su centro. A raíz de ello, aunque en el Glorium no había demasiadas plazas, había algunas, y, por supuesto, tenían reloj.

Al llegar a la plaza, se fue acercando al artefacto, y observó las manecillas. No solo tenían la hora décima, lo cual era erróneo a todas luces, sino que la manecilla de los minutos se movía hacia atrás. Vio un grupo de Cruzados a lomos de sus caballos, compañeros de guardia, en el centro de la plaza.

-Saludos, hermano Hamtar-Dijo su inmediato superior, el Cabo Douce-. Ven, y disfruta con nosotros la gloria del Metodismo, la perfección de su funcionamiento.
-Tan exacto como la justicia de Dios -Dijo otro Cruzado, Onon, parafraseando una célebre frase de un metodista, lo que le valió una mirada reprobatoria de Douce.
-Lo que sucede es... -Dudó Hamtar- ¿No os da la impresión de que llevamos demasiado tiempo de guardia?

Un coro de risas le contestó, y se fue callando mientras los cruzados hacían comentarios chistosos acerca de lo largo y desagradable de las guardias, aunque Douce se mantuvo en silencio.

-He enviado a Enoia a ver que sucede con el reemplazo de guardia. Sin reloj no hay forma de saber la hora, y soy incapaz de leerla de las estrellas, aunque nunca fui muy diestro en eso. Se supone que la guardia terminaba en hora sexta, poco antes de amanecer, y creo que ya debería haber terminado- Dijo Douce, al fin.

Su rostro se veía preocupado. Veinte años de guardias eran muchos, y el cuerpo se acostumbraba a ellas. Y el sentido temporal, también. A Hamtar le dio la sensación de que el cabo estaba realmente preocupado. ¿Sabría algo que él ignoraba?

La época de las estrellas

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Como he ido comentando a algunos conocidos, voy a comenzar a publicar un relato largo, por entregas, en este journal y en abierto.

Evidentemente, podeis comentar cada entrada, con las opiniones que tengais, que sean buenas o malas, seran bienvenidas si vienen al caso y se realizan con educación o cualquiera de los sucedaneos de la misma que acostumbramos a usar.

El relato es una historia ambientada en un mundo fantástico, que se encuentra en un nivel tecnólogico en el que se entremezclan un poco el equivalente de los S XVII y XVIII de nuestro mundo; huelga decir que dista mucho de ser una equivalencia exacta: en la historia hay suficientes hechos diferenciales que cambian mucho la huella tecnológica y social del mundo.

El relato comienza con un gran cambio en dicho mundo, un evento inesperado e inexplicable. A partir de ese momento, se desarrolla la historia, a la par que se van presentando los numerosos personajes de la obra.

Esta primera entrada corresponde al primer capítulo: espero que os guste.

February 23rd, 2005

Joder!!!

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Esta cayendo la de dios. Mas de 20cm de nieve en la puerta de mi casa.

Hoy va a ser divertido, si... Es-ki-moool! xD

February 16th, 2005


~mithur~



alucart_azrraelandsaca369arthegarnazanulbizarbitxilorecensuradacrowlizdark_mrkarate
daucusdecadence_danielectro_duendeelgritodekellerered_nimraiseternidad_ewikifenix_negro
fumyhieikyoirreverenteixma666kiro_xladypuckla_suicidalilith_666_
lucifer_666_madnexusmarq_666nekxanemmesisnothingcomanotre_nemesisplasteekerika
sexmachinasombragothtarianntaste_0f_bloodtetsuo86_04tomgurotulunavigara
vonluggervyk__chrome__eire__mashit_

LJ friendsCollage.

Brought to you by pratibha75 and teemus.

February 4th, 2005

Una idea curiosa...

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Me ha gustado la idea de Vykos, y aqui estoy yo plagiandola. Pura curiosidad:

Ponedme un comentario con una canción que os recuerde a mi. Simplemente eso. Rápido, sencillo e interesante...

January 27th, 2005

Eleanor Rigby

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Navegando por ahí me he encontrado de nuevo con esta canción, una de las canciones perfectas. Es sencillamente increible; si no la habeis escuchado, hacedlo.

Dice mas de una verdad...

Ah, look at all the lonely people
Ah, look at all the lonely people

Eleanor rigby picks up the rice in the church where a wedding has been
Lives in a dream
Waits at the window, wearing the face that she keeps in a jar by the door
Who is it for?

All the lonely people
Where do they all come from ?
All the lonely people
Where do they all belong ?

Father mckenzie writing the words of a sermon that no one will hear
No one comes near.
Look at him working. darning his socks in the night when there’s nobody there
What does he care?

All the lonely people
Where do they all come from?
All the lonely people
Where do they all belong?

Eleanor rigby died in the church and was buried along with her name
Nobody came
Father mckenzie wiping the dirt from his hands as he walks from the grave
No one was saved

All the lonely people
Where do they all come from?
All the lonely people
Where do they all belong?
WHAT WOULD YOU DO IF:

I committed suicide:
I said I liked you:
I kissed you:
I lived next door to you:
I started smoking:
I stole something:
I was hospitalized:
I ran away from home:
I got into a fight and you weren't there:


WHAT DO YOU THINK ABOUT MY:

Personality:
Eyes:
Face:
Hair:
Clothes:
Mannerisms:


WHAT ABOUT US:

Who are you?
Are we friends?
When and how did we meet?
How have I affected you?
What do you think of me?
What's the fondest memory you have of me?
How long do you think we will be friends?
Do you love me?
Have I ever hurt you?
Would you hug me?
Would you kiss me?
Do you have a crush on me?
Are we close?
Emotionally, what stands out?
Do you wish I was cooler?
On a scale of 1-10, how nice am I?
Give me a nickname and explain why you picked it.
Am I lovable?
How long have you known me?
Describe me in one word.
What was your first impression?
Do you still think that way about me now?
What do you think my weakness is?
Do you think I'll get married?
What about me makes you happy?
What about me makes you sad?
What reminds you of me?
What's something you would change about me?
How well do you know me?
Ever wanted to tell me something but couldn't?
Do you think I would kill someone?
Are you going to put this on your journal and see what I say about you?

January 26th, 2005

Variedades varias

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Hacia ya tiempecito que no actualizaba; ya toca...

Este fin de semana, entretenido. Viernes en 6+Heaven, y sábado en Angst + Heaven. La fiesta petarda estuvo entretenida, aunque hubo algunos temas muy muy duros. Pero fue curioso, a la par de atípico. El Heaven parece estar mejorando; incluso ya abren las dos plantas con dos ambientes, el sábado. El 6, como siempre: los viernes, bastante agradable. El Sábado vino un rato Lara (Ered). Solo pudo estar un par de horas, pero menos da una piedra... Al menos conoció el Angst. Y Tariann pinchando, muy bien, claro xD. Tambien estuve en el cumpleaños-sorpresa de una amiga, Lydia (Askani). Estuvo muy, muy bien.

El sábado que viene habra que ir a ver como pincha Vykos en el Angst... miedín me da... pero estoy muy seguro que va a ser realmente interesante. Tiene muy buen gusto musical...

En otro orden de cosas he añadido la Sindicación del journal de Gaiman a mis friends. Dios bendito, estoy deseando que saquen Mirrormask. No se si la estrenaran en España doblada, pero en cualquier caso, no le perderé el rastro. Una película de Henson co.& Gaiman, no es nada despreciable.



En el trabajo me han salido cosas interesantes. Eso tambien es agradable. Un proyecto de gestor documental... teoría de la programación pura. La funcionalidad es sencilla, solo hay que pensar en hacer el diseño de clases a la perfección. Ese tipo de cosas me encanta. C#, of course.

Y en lo referente al resto... bueno, estoy bastante bien, bastante contento. Tambien ha habido algún cabreillo por ahí, por alguna tontería... pero bueno, una vocecilla desde la distancia me ha hecho tomarme las cosas con mas calma (Un besazo!)

Y por cierto, ya me terminé la segunda parte de Ilión, de Dan Simmons... Simplemente genial. estoy deseando que saque la continuación. Es sencillamente ideal. Sci-fi hard, pero realmente buena. Y me leí Ubik, claro.

January 21st, 2005

El Mejor de tus Dias

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Se me olvidaban las buenas letras que tenia Barricada. Traen buenos recuerdos; y promesas de los viejos tiempos consigo.

Nunca nada bueno pasa de moda.

Arañar el asfalto,
la goma huele al quemar
esta vez no haces caso
mas que a tu sangre.

Acercate hasta la puerta,
pasa sin pestañear;
Te esperamos hace tiempo,
pasa ya... !pasa ya!

Dejame robar tu alma,
algo así tenía que pasar.
Soy el hombre que en el saco
pervierte a los niños,

asesino de ancianas,
todas bondadosas.
Traición en mis ideales
por cuatro monedas.

Da vueltas conmigo,
sin más ni más.
Cielo oscuro, oro negro...
...y esa hora de la noche.

¡Y esa hora de la noche!


Cuando pase la guadaña
a la altura de tu cuello
sabrás que ya llevo horas
bailando en tu cabeza.

Y este puede ser por fin
el mejor de tus dias,
dejame robar tu alma
y despierta frio...

Da vueltas conmigo,
sin más ni más.
Cielo oscuro, oro negro...
...y esa hora de la noche.

¡Y esa hora de la noche!


No quiero que esperes ya nada de mi,
por tus ojos sin piedad muchas veces resbalé

No quiero que esperes ya nada de mi,
por tus ojos sin piedad muchas veces resbalé


Y claro, alguien lo entenderá bien, y alguien lo entenderá mal xD. Tambien pasa siempre con las buenas letras.
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