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Los preparativos

 
 
(Continuación del relato "La época de las Estrellas")


(V) Los preparativos


-Así pues, compañeros, sea lo que sea que sucede con la Oscuridad, debemos averiguarlo. Yo mismo me ofrezco a viajar hasta Lhand’oc, asumiendo todos los riesgos, para investigar lo que sucede.-Terminó Bramh su discurso, con un tono de total seguridad.

El silencio se cernió sobre toda la estancia, mientras se dispersaban los últimos ecos de la voz de Bramh en el abovedado techo.

Por regla general, los magos eran bastante afables, y procedían de una sociedad bastante antigua, en la cual el respeto, el orden y la cordialidad eran valores prominentes. Además, su rigido entrenamiento hacía que el autocontrol y la disciplina fueran parte integrante en sus relaciones.

Por lo tanto, el acalorado discurso de Bramh, lleno de pasión, les resultó inaudito, incluso desvergonzado.

-Y dime, Bramh- Dijo Ignatus, el Maestro, tras la larga pausa-, ¿Qué esperas encontrar en Lhand’oc? Sea cual sea la causa, es tan fácil que se encuentre allí como en otro sitio.

-Tiene razón, Maestro, como siempre- Contestó Bramh, esperándose esta cuestión, prácticamente el único punto débil de su argumento-. No obstante, no deseo ir a Lhand’oc buscando el origen del problema, sino la solución. No dudo que los Metodistas estarán buscando respuestas, y aunque no encontrarán nada podrían darnos alguna pista del origen de todo esto. Y su centro neurálgico es Lhand’oc.

-Es una buena idea- Dijo con voz raspada Alantor, un viejo mago que rara vez participaba en estas reuniones. Bramh se quedó sorprendido de que apoyara su tesis-. Nosotros somos viejos, nuestro poder es muy relativo, y desconocemos el mundo actual. Por lo tanto debemos aprender de los que ahora lideran y conocen este mundo. Indudablemente Lhand’oc es un buen sitio para empezar, mucho mejor que quedarnos de brazos cruzados.

-Si, supongo que si... simplemente, no estoy acostumbrado a exposiciones tan bruscas. Creo en las decisiones meditadas, tranquilas, buscando siempre la mejor manera... esto responde mas a una intuición, que a un plan lógico y bien construido. Me inspira desconfianza…

La conversación continuó animada entre los magos más veteranos, pero Bramh sabía ya que se aceptaría su propuesta, y que podría viajar hasta Lhand’oc. Aparte de su intención de averiguar el origen de el ocultamiento del sol, podría intentar saber cual había sido el destino de la Isas Karabah, y contactar con ellos si era posible.

Uno de los lugares preferidos por la Isas Karabah había sido Lhand’oc, alejado tanto de inquisidores como de magos, y rodeada de un halo de incredulidad respecto a los poderes místicos, que favorecía mucho la clandestinidad que la Isas tanto necesitaba. Además, no dejaba de ser del todo posible que ellos mismos estuvieran detrás de todo este asunto de la oscuridad. Hace años, cuando él fue llevado con los Superiores, la Isas no era ni remotamente tan poderosa, pero quizá hubiera muchas cosas sobre sus auténticos hermanos que el no supiera. A fin de cuentas, se separó de ellos con tan solo diez años.



-¡Maleiva, Alvar! ¿Qué infiernos ha pasado? ¿Y porqué?-La fuerte voz de Jerces, que entre sus otras funciones se encargaba de gestionar la vigilancia del Universitas, retumbó por las calles.

La figura de Jerces, vestida con levita negra y apretados pantalones, con una espada casi simbólica atada a la cintura, apareció rodeada de una guardia de élite de la Universitas. Eficientes y silenciosos, rodearon al grupo de figuras que se encontraban en medio de la calle. Seis de ellos cubrían el perímetro y alejaban a los curiosos a una distancia prudencial, dos se distanciaron un más, controlando las calles aledañas, y otros dos comenzaron a trepar hacia los tejados. Los ropajes negros y pardos resultaban casi invisibles en la noche, y sus abultados petos realzaban su aun más imponente figura. Llevaban un par de pistolas de un diseño bastante exótico, y un puñal, curiosamente corto para lo que acostumbraba a usar la policía. Una undécima figura, que tan solo se distinguía de las demás por una boina calada de lado, de los mismos tonos que el uniforme, se quedó en el centro, mirando a Maleiva.

-Este es el Sargento Stark. Es uno de los mejores especialistas de la Universitas.- Afirmó Jerces, señalando con el dedo a la figura del Sargento.

Unos instantes después se abrió paso por entre el grupo de soldados un vejete vestido con una larga túnica blanca, que ostentaba el emblema de la serpiente mordiendo una mano, el símbolo de la facultad de medicina. Su anciano portador, bien afeitado y de pelo blanco y ralo, miró con unos profundos ojos lechosos a Maleiva, y se agachó a su lado, para sorpresa de los presentes.

-Maestro Manann, ¿Cómo habéis venido vos?-Preguntó Maleiva, en tono sorprendido.

-Ha habido muchos altercados, sobre todo en los Barrios Bajos. No tenía a nadie capacitado, y no iba a dejar que un miembro importante del Universitas se desangrara en medio de la calle.

-El viejo terco no me hizo caso. Le avisé que podríamos llevarte de vuelta, pero no quiso fiarse de mi- Dijo Jerces, con voz ofendida, mientras miraba algo sarcásticamente al anciano.

-Existía la posibilidad de dañarla seriamente, aunque por fortuna no parece tener nada grave. Un par de rasguños- Dijo, mientras palpaba sus costillas con aire experto. Sacó un frasquito de su túnica- Tomaros esto, para comenzar. Estabilizará vuestros humores, y os permitirá soportar mejor la cabalgata hasta la Universitas. Hamtar, muchacho, ¿Puedes llevar a la doncella en el caballo, a paso lento, hasta la universitas?

-Por supuesto, Señoría -A pesar de que el título correcto de Manann sería Maestro, los miembros de la Eclesiarquía tenían, históricamente, costumbre y el derecho de utilizar en su lugar el término “Señoría”, para casi todos los altos cargos metodistas-. ¿Volverán ustedes con nosotros?

-Si-Respondió Jerces-. El Sargento se quedará aquí, intentando averiguar que ha pasado.

-Investigaremos la escena-Terció Stark-. Luego nos llevaremos el cuerpo, para que los doctores vean si pueden averiguar algo más. Algunos de nuestros hombres les acompañarán- Dijo en tono quedo, mientras hacía una serie de gestos.

La comitiva comenzó a avanzar, con Maleiva montada en el caballo de Hamtar, mientras el cruzado lo llevaba de las riendas. A los lados de Maleiva caminaban Alvar y Jerces, mientras que el Maestro Manann se mantenía un poco por detrás, mascullando en voz baja sus pensamientos.

Maleiva tuvo que hacer un esfuerzo por controlar su nerviosismo y fingir que estaba herida durante todo el viaje. Los poderes que había aprendido de las enseñanzas eclesiarquicas habían curado lo peor de la herida del brazo, que ya casi ni sangraba, y los moratones que tenía por todo el cuerpo eran poco importantes. No obstante, era totalmente consciente del efecto que causaría en Manann si sospechara que había usado sus poderes: sería todo un insulto hacia su profesión, y una vergüenza para ella como metodista.

Mecida por el rítmico andar del caballo, Maleiva fue adormeciéndose cada vez más. El cansancio de la pelea, la falta de sueño y la agradable sensación de sentirse, tras el incidente, protegida, fueron haciendo poco a poco mella en su consciencia, mientras pensaba, aletargadamente, lo fructífero que podría ser la unión de los poderes eclesiásticos con la ciencia metodista, y lo triste que era ver como los prejuicios echaban por tierra toda posibilidad,..

Mientras tanto, Jerces caminó hasta ponerse al lado de Alvar, y le dijo con voz queda, para evitar que Maleiva pudiera oírlo:

-¿Que motivos puede tener alguien para intentar matar, o secuestrar a Maleiva?

-Es hija de una familia rica. Es posible que pensaran pedir rescate por ella, o quizá simplemente robarla. No lo sé.

-No creo. Un individuo pertrechado como este no es un vulgar ladrón de callejuelas. Y tampoco creo que se tratara de un secuestro. Fue demasiado violento.

-Maleiva se defendió. Creo que el individuo no se lo esperaba, y reaccionó mal.

-No sé, Alvar, no me convence. Parece un intento de asesinato en toda regla. Y no han escatimado en gastos. Tú tienes más confianza que nadie con ella, y deberías averiguar si está metida en algún asunto turbio. Si es así, haremos lo que podamos para ayudarla. De todas formas, para los demás, diremos que ha sido un simple intento de robo callejero.

-¿Podemos contar con Stark para que lo oculte?

-Es totalmente leal, al la Universitas en general, y a mi en particular. No debes preocuparte por eso. Ahora lo importante es mantener la calma.

Continuaron andando un rato más, en silencio, recorriendo las calles empedradas del Distrito, ascendiendo hacia el Campus de la Universitas. Cuanto más se acercaban a la parte superior del distrito, más iluminadas estaban las calles, y había mayor cantidad de gente circulando por ellas. Poco a poco la gente salía, comentando el inusitado suceso, que ya tenía el nombre popular del Oscurecimiento, y con lentitud las calles recuperaban su actividad. Prácticamente nada tenía la fuerza suficiente como para evitar que los padres salieran de sus casas a buscar el pan con el que dar de comer a sus hijos.

Los pensamientos de Alvar fueron interrumpidos por Hamtar, ya cerca del Campus:

-Señor, creo que debería pensar en alguna manera de mantener protegida a Maleiva. Si este ataque iba dirigido contra ella, sin duda sabrán donde está su casa, y posiblemente lo intenten de nuevo.

-Ya había pensado en eso, chaval- Respondió Jerces, sin dar tiempo a Alvar para contestar-, de hecho, llevo todo el camino pensándolo. Nada más llegar hablaré con el Archidecano para que todo aquel individuo de cierta importancia para la Universitas se hospede dentro del recinto. E impondré vigilancia en todo el entorno, con accesos controlados. Prefiero ser un paranoico a permitir que uno solo de los Maestros muera.

-Va a ser una medida muy polémica, Jerces –Terció Alvar-. La principal característica de la Universitas es su apertura. No te van a permitir cerrarla.

-No la voy a cerrar, mi joven amigo. Tan solo voy a controlarla-Afirmó con seguridad, y una leve sonrisa preocupada afloró en su rostro-. Y no dejaré que ese hatajo de imbéciles me lo impidan.

-Te va a resultar difícil convencer a los decanos...

-En absoluto. Tan solo tengo que convencerles que sus vidas están en peligro. Y después de esto no creo que sea muy difícil. A fin de cuentas, bajo toda esa arrogancia y pompa, solo hay unos viejos arrogantes y pomposos –Terminó, sonriendo con esa mueca sardónica a la que tanto acostumbraba.

Continuaron hablando acerca del tema mientras se acercaban al Campus. Desde el borde del Campus se podían ver las luces de toda la ciudad. El Glorium estaba suavemente iluminado con velas y antorchas, mientras que toda la zona del Palacio Excavado brillaba con las farolas de gas, al igual que la Universitas. Los Barrios Altos estaban parcialmente alumbrados por farolas de aceite, y en la lejanía del Barrio Pobre, ladera abajo, relumbraban irregularmente las hogueras, y alguna que otra casa incendiada. En medio se encontraban los Artesanos, Vinateros, Curtidores y otras muchas zonas humildes, que se defendían como podían de la oscuridad sobrenatural y de los peligros, mucho más prosaicos, que ocultaba.

Tags: la época de las estrellas, relatos
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